lunes, 31 de marzo de 2014

El regreso del realismo chistoso





Carlos Santa María. El libro de las gestas y otros plagios. Paracaídas editores, 2014.

La lectura de este libro me ha remitido a la de otro que hacía mucho no revisaba: Este es mi cuerpo (1996), del trujillano Lizardo Cruzado. Como se recuerda, el por entonces adolescente Cruzado afirmaba que su poemario era el primer producto de una corriente que él mismo había bautizado como el realismo chistoso. Casi veinte años después, Carlos Santa María (Trujillo, 1979), nos entrega El libro de las gestas y otros plagios, que podríamos considerar como el segundo y tardío fruto de tan irreverente tendencia. Pero, afortunadamente, Santa María no se contenta con solo remedar los logros alcanzados por su predecesor, sino de adaptarlos a sus propios intereses e inquietudes. Al enfoque preponderantemente cotidiano, sexual y familiar de Cruzado, Santa María opone una que aborda sobre todo las insatisfacciones, límites y desfallecimientos ante el acto de la lectura y de la escritura.  

El libro se abre con Vocación, un texto que condensa bien el ánimo general del conjunto y de las deudas que el autor mantiene con el realismo chistoso: “Me recuerdo a los diez años intentando / leer Ivanhoe / mi hermana escuchaba música / mi padre observaba televisión / -¡Hijo! – se oyó entonces la voz del destino / tú que no estás haciendo nada / ven ayúdame a cargar estas cosas.” A este poema le sucede Claustro, texto que recuerda aquellos en los que Cruzado escudriñaba los aspectos más decadentes e impugnables de sus parientes cercanos y el hogar donde habitan (y Santa María no tiene ningún interés en ocultarlo, pues antepone a su texto una cita del poeta que quiere homenajear). Más adelante hallamos La intrusa, poema con dato escondido centrado en la juventud de Marilyn Monroe que también puede interpretarse como una relectura de Para M.M., quizá el más afortunado de los poemas de Este es mi cuerpo. Pero más allá de estos textos y quizá un par más de menor importancia, las coincidencias con Cruzado se atenúan hasta convertirse en una serie de rasgos y recursos que le sirven a Santa María de herramientas para sacar adelante sus poemas más personales y logrados.

Estos poemas son aquellos que, en  palabras de Víctor Krebs, significan “una confesión de la duda que asalta al escritor en su oficio y por otras un homenaje, no solo a los textos que lo han sostenido e incentivado, sino también a los escenarios que han servido de marco a su creación.” En estas composiciones Santa María deja su espacio –aunque no del todo- para dejárselo a una influencia distinta, la de otro trujillano, José Watanabe, el Watanabe de poemas como Los versos que tarjo; es decir, aquel que reflexiona sobre la condición artesanal del poeta y la paciente labor en la que se circunscribe, así como sus crueles trampas y espectrales recompensas. Santa María rechaza los atajos, embelecos y  retorcimientos para abordar sus obsesiones con oficio y lucidez, como lo demuestra en Desarrollo del poema (“Ahora, / tomo nota de cada recuerdo y / -confuso aún de cuando dije- / muestro un papel intraducible / a familiares y conocidos / que ignoran / el origen de mi excitación / y me alimentan con el veredicto / del extravío en sus miradas”) o en Parque (“Entre tanto, no hallo mejor alternativa / que recostarme sobre este árbol / y permanecer callado / a la espera / de que el silencio se pronuncie. // Sin embargo / no consigo escuchar nada // Es demasiado intencional mi reposo / Demasiado prevista mi evasión”. Otros poemas convincentes dentro de esta veta son Caja china o Edad, donde el poeta se vale de citas de sus escritores favoritos para desnudar sus carencias, sus temores o un profundo escepticismo que prefiere sostenerse en el ludismo antes que en la amargura.  

Menos interesantes resultan sus reelaboraciones de poetas canónicos. Ejercicios fáciles donde se apela al ingenio y al guiño, pero que no aportan nada al objetivo central del libro. Juegos que se agotan en sí mismos. Esto sucede con Último nudo, donde Santa María imita sin demasiado brillo a Eielson, o Ampliando márgenes, que pretende emular de manera poco memorable el poema Márgenes de Javier Sologuren.  Luego de esta zona infértil el poemario levanta vuelo en su última parte, Lugares y objetos comunes a la elaboración del libro de las gestas y otros plagios, compuesta por brevísimos apuntes en los que, como señala el título, el poeta define los escenarios y herramientas que le sirvieron para confeccionar sus poemas. No todos funcionan, pero algunos de ellos sí consiguen su objetivo de encerrar sus visiones y sensaciones en pequeños y vivaces conceptos, tal como Ciudad (“un laberinto /perfectamente / señalizado”), Aula vacía (“La panza / de una ballena / que a veces / me traga”) u Hoja de papel ("Un grito contenido. Una bandera / aún / sin patria").   

El libro de las gestas y otros plagios no se impone metas demasiado altas, pero alcanza a satisfacer los propósitos que se encomienda con bastante decoro. Quizás su limitación principal sea perderse en el mero juego insustancial, en regodearse a veces en su epigonalidad con cierta frescura pero sin un rumbo fijo. Lo esperable es que en su próximo entrega aborde sus motivaciones y temáticas con mayor ambición y dirección. Carlos Santa María tiene la palabra.
   

PUNTUACIÓN: 11,8

6 comentarios:

  1. De 12 libros reseñados en Poemainutil, 6 son sobre textos de Paracaídas Editores ¿cómo leer este síntoma? Será porque recientemente Paracaídas es la editorial que está produciendo más libros de poesía:

    1.- Carlos Santa María. El libro de las gestas y otros plagios. Paracaídas editores, 2014. Nota: 11,8
    2.- Santiago Vera. Libro de las opiniones. Paracaídas editores, 2014. Nota: 8,1
    3.- Karina Valcárcel. Los abrazos largos. Paracaídas editores, 2013. 61 páginas. Nota: 7, 7
    4.- Abelardo Sánchez León. Grito en el agua. Paracaídas, 2013. 88 páginas. Nota: 13, 4
    5.- Christian Briceño. La trama invisible. Paracaídas Editores. 101 páginas. Nota: 11,3
    6.- José Rosas Ribeyro. Contemplaciones (apuntes de un sobreviviente). Editorial Paracaídas, 2013. 138 páginas. Nota: 9,2.

    PENSAR QUE EN ALGUNOS SITIOS TE JALAN CON UNA NOTA MENOR A 13

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  2. Qué bueno advertir que ya existen eruditos que estudian este blog :)
    Es cierto lo que dices. Paracaídas edita al menos un libro por semana, mientras que otras editoriales lo hacen rara vez. Siendo este blog de periodicidad semanal, es lógico que los libros de Paracaídas sean los más reseñados.
    Sin embargo, mi próxima reseña será de una editorial distinta.
    saludos y gracias por leerme.
    JC

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  3. Sanmarquino enterado31 de marzo de 2014, 10:51

    Gracias Yrigoyen por esta reseña. Buscaré el broli de Santa María.

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  4. Una consulta, ¿usted reseña únicamente a los autores que le entregan sus libros? ¿o a cualquiera que digamos, encuentra en una librería y por alguna razón personal decide criticar? ¿cuál es su criterio de selección de textos a revisar?

    Saludos.

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  5. Me gusta esa pregunta. Verás: en principio cualquiera que me pase su libro puede ser reseñado, siempre y cuando el libro revista un mínimo de interés (eso no significa que sea bueno o malo). Usualmente los libros que reseño o me los da el autor, o la editorial, o los compro en librerías, lo cual es un gasto, pero si no lo hago, no hay blog. Hay libros regulares o malos que reseño porque mas allá de su calidad considero que tienen un interés para el lector y para mí. Hay otros que ni siquiera tienen eso y terminan en un estante de mi biblioteca, por tiempo indefinido.
    Gracias por tu pregunta. Hasta más vernos.
    JC

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  6. ¿con qué frecuencia limpias esa zona del estante?

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