martes, 1 de octubre de 2013

Todo barrio es una trinchera


 

Manuel Fernández. La marcha del polen. Editorial Estruendomudo, 2013. 85 páginas.

 
En el 2006 Manuel Fernández (Lima, 1976), por entonces un perfecto desconocido para el mundo literario peruano, nos entregó uno de los mejores libros de poemas que se han publicado en nuestro país en los últimos quince años por parte de un autor de las últimas generaciones. Me refiero a Octubre, un gran fresco en el que se explora nuestra historia colectiva contemporánea y los destinos individuales que, anónimamente, se desarrollan en sus márgenes y trastiendas. Fernández no solo exhibía una llamativa capacidad para elaborar un poemario de gran ambición conceptual, sino que estas complejas estructuras estaban conformadas por textos y fragmentos de alta calidad expresiva e imaginativa, válidos por sí mismos, en los que era evidente un manejo eficaz de los referentes históricos, sociales y políticos. Nada de lo que nos decía sonaba falso o impostado: la destreza de Fernández a la hora de organizar esos referentes dentro de sus poemas y de justificar con naturalidad su inclusión lo distinguía de muchos otros poetas jóvenes que se pierden sin solución en las ciénagas de un culteranismo o historicismo mal entendidos.

Siete años han pasado desde la publicación de Octubre. En ese lapso Fernández solo publicó una plaqueta, Solidaridad en la convivencia (2008) que no ratificaba para nada los logros alcanzados en el primer libro. Cuando se anunció la publicación del nuevo libro de Fernández, me invadió la duda clásica que solemos tener ante el segundo trabajo de un autor que ha tenido un debut auspicioso: ¿podría superar lo que ya ha mostrado en su primera publicación? No voy a jugar al suspenso y daré mi opinión al respecto desde ya: La marcha del polen es un libro de muy buena factura, y en muchos aspectos supera o está a la par de las cualidades patentes en Octubre.

De la vasta cartografía histórico social de Octubre –que abarca la historia del Perú desde la implantación del régimen de Velasco hasta los años de la dictadura fujimorista- Fernández ha pasado a un marco geográfico e histórico más delimitado: la Breña de los años setentas y ochentas, presentada aquí como un territorio popular, cálido y combativo donde se vuelve a desarrollar, de forma más sustancial que en el libro precedente, la interrelación entre las vidas privadas y el marco social, agregándole un elemento que enriquece sustantivamente este cruce de líneas paralelas: el factor autobiográfico. El narrador de estos poemas es testigo y cronista de la evolución y convulsión de un conglomerado urbano en el que su propia existencia se desenvuelve y se transforma, a diferencia de Octubre, donde los cambios y sucesos que atañían a los personajes estaban avizorados a la distancia, como contemplados a través de una ventana.

La marcha del polen se inicia con La fundación de Breña, largo texto que, como su título indica, está basado en el poblamiento y edificación del distrito semiproletario que empieza en la otra ribera de la Avenida Brasil. Fernández sortea bien los riesgos que entraña un poema amparado en esta temática: la tediosa enumeración de referentes conocidos, las trampas del populismo, el triunfo de lo meramente prosaico sobre lo poético. El poema está convenientemente construido evocando la nostalgia apoyada en el fulgor de las cosas cotidianas que florecen, la visión política sustentada más en la fuerza del movimiento popular que en el dogma, la adhesión a una realidad conformada por materiales baratos, ordinarios, pero finalmente genuinos: “meditaciones de algún cura salesiano perdido en la bruma espesa de sus ideas / la soledad de los patios / la cara de los alumnos que recién despiertan /  y escribiremos una sola y grande palabra en el cielo: SOCIALISMO (…) el inicio del desfile / como la proyección de esa película peruana / donde hay campesinos que cosechan uvas / y silban / canciones desesperadas [libremente cito] / haciéndonos creer que el tiempo se ha detenido / provocando aquella colisión en nuestros cerebros / EL ARRIBO DEL ÁNGEL / A LAS ZONAS INDUSTRIALES / como si el viento de sus alas agitase las aguas / de nuestras nuevas piscinas / recién lavadas en agua y cloro”.

Esta introducción tiene un adecuado correlato en los poemas siguientes, especialmente en Los cantos iluminados de Breña, Condenados los náufragos contemplan el naufragio y sobre todo en Florecimiento del mondongo y la azucena (sentada entre las semillas), donde Fernández, ya seguro de haber edificado el escenario propicio para desplegar sus inquietudes y los símbolos de su melancolía, se sumerge en un nuevo plano de su realidad recreada: el personal. Como dije, las referencias autobiográficas enriquecen lo que en Octubre por momentos estaba esbozado pero nunca definido del todo: la irrupción de una sensibilidad personal, familiar, íntima, que en el poema mencionado alcanza momentos en los que el yo poético se desestabiliza, se cuestiona y se confiesa, dejando en este proceso algunos emotivos arranques de buena poesía: “Esta tibieza me llama y es mi hermana / y recoge sus manos de entre mis manzanas / suavemente las retira / y se sienta lejana [a las puertas del mercado]  mientras ya nada florece / y descubrimos que es / la intención del cordero / que en el momento mismo del sacrificio / otro escriba / me encuentre salido / y me diga: ¿es verdad que de noche ardías?”.
 
 
 
Es cierto que no todos los poemas que siguen alcanzan, como en los casos anteriores, la adecuada conjunción de los elementos que los determinan, como es el caso de Sobre los paisajes de la locura, o Ella es pajita. Hay una cierta sensación de disparidad y arbitrariedad en las referencias y recursos utilizados en ellos, que en algunos casos llegan a ser ya muy vistos y predecibles (como es el caso de la sección tercera de Ella es pajita) Estos problemas me hacen difícil considerarlos como textos cuajados y redondos. Sin embargo, luego nos encontramos con el mejor poema del libro, La marcha del polen, que redime las debilidades de las composiciones anteriores y que es, sin duda, lo que el movimiento Hora Zero hubiera llamado poema integral. Aquí las imágenes del verano en Breña se yuxtaponen a la efigie liberadora de Lech Walesa, la sombra del Papa Wojtila y la atmósfera ochentera previa a la desilusión final por la “democracia y los valores cristianos” que en este texto está expresada con una fuerza e imaginación que consolidan un poema sumamente logrado.

La marcha del polen contiene, pues, un puñado de poemas muy bien trabajados, más personales y más maduros que los leídos en Octubre, por lo que podemos considerarlo como un paso adelante en la obra de Manuel Fernández. Sin embargo, debo anotar que, a pesar de todas las virtudes descritas, esta todavía mantiene un carácter epigonal, debido a que sigue atrapada en unas coordenadas poundianas-horazerianas-cisnerianas indisimulables en cada una de las páginas de sus libros. Lo cual, en sí, no tiene nada de reprobable; pero en esta época donde estamos cercados por una multitud de poemarios y poetas tercamente convencionales y cómodos en lo establecido y canonizado, urge que los poetas jóvenes y talentosos como el que hoy reseño se decidan a romper con lo ya acordado, a enseñarnos que sí son posibles otras maneras y  otros caminos. Porque sí son posibles. Fernández, como otros pocos, ya ha demostrado que tiene la suficiente capacidad para emprender esa búsqueda. Esperaremos ansiosos.      


PUNTUACIÓN:                             13,8 / 20

4 comentarios:

  1. Si todo el poemario es sobre el distrito de Breña ¿Por qué la foto es de un centro comercial de la avenida Emancipación, en el centro de Lima?

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  2. ¡Cómo te gusta el merecumbé, Irigoyen!

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  3. La imagen de la portada me desconcertó también. La imagen corresponde a la cúpula acústica central de la hoy galería Mogollón, ubicada en la Av. Emancipación en el centro de Lima (la otra puerta del edificio da al Jr. Moquegua.) Actualmente, se ubican ahí tiendas que venden artículos de odontología en el primer y segundo piso. En los demás pisos, hay dptos., que, según mis averiguaciones, son alquilados a muy bajos precios. La ONP los administra si no me equivoco.

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