martes, 22 de octubre de 2013

Sin novedad en el frente


Ezequiel Furgiuele. Cartago. Máquina purísima editores. s/n páginas. 2013

Compuesto por veintisiete poemas en prosa, Cartago, el primer libro de Ezequiel Furguiele, pretende ser una crónica sarcástica y airada de la crisis económica y social que actualmente sufren varios países de la Unión Europea, así como una dura sátira de los líderes que defienden el modelo imperante a pesar del costo que deben pagar distintas sociedades y muchas vidas particulares. La idea es buena y ya otros poetas latinoamericanos como Roque Dalton, Ernesto Cardenal o el peruano Cesáreo Martínez han trabajado con éxito largos poemas o libros conceptuales donde la crítica hacia los señores del poder y su sistema de explotación o el sufrimiento y resistencia de las clases oprimidas son los temas principales.


El problema es que a diferencia de Dalton, Cardenal o Martínez, Furguiele no consigue que sus denuncias e ironías levanten vuelo poético en ningún momento. Se limita a enhebrar ocurrencias que seguramente funcionan para despertar la risa o la complicidad en un recital, pero cuya carga crítica se disuelve en juegos insulsos de palabras que no van a ninguna parte (“El euro y el dólar se culean sin parar, la gente se queda en la calle y la calle se sigue llenando de gente. Una vez más el Dream es un lavarropas y está recontra over. Pull es over y el over es old  y en october no hay milagros”) y en versos que descubren la pólvora (“La plata se la roban los hijos de puta de siempre, con nombres  y apellidos, con filiación y filicidios, dirección postal”) o son sencillamente defectuosos (“Onganías and delivery, idiota engominado con sus cuatro pelos leporinos”). Otros nos recuerdan que no basta la sincera emoción o la legítima indignación para hacer buena poesía: “Videla, ahórcate con tu rosario diario y seguí desapareciendo a tu hijito oligofrénico en algún cuchitril de clínica privada”.

Las cosas no van mejor cuando aspira a poetizar desde la Historia, pues no aporta nada original a lo que ya sabemos y hemos leído de manera muy parecida (y mejor) tantas veces antes: “Primero las brigadas rojas, después la heroína, después los junkies y después la metadona y después todo políticamente correcto y antes el VIH”. Sus mofas hacia los poderosos ocupan buena parte del conjunto, pero echan mano de un sentido del humor que rara vez da en el blanco (“La Merkel y Cameron se andan planchando la ropita par la fiesta”, “Y la Merkel a los besitos con Sarkozy, sí, sí, ayer yo los vi”, “Y esta, la Merkel de cuarta, guaranguita, pidiéndole a Rajoy guita, guita y guita”) y que en sus peores momentos se hunde en lo panfletario, como ese texto sobre el Rey de España (lo más olvidable, sin duda): “Andá a jugar al rey de los monos en palacio y en familia incluyendo  a tus yernitos de colección. No te olvides el verano de irte a Palma a seguir jugando al Cristóbal Colón”.  

La sensación final que produce Cartago es parecida a la que me dejaron algunos poemas de La trama invisible, el segundo libro de Christian Briceño: la de un autor que confunde el ingenio con la poesía. Pero la diferencia es que con Briceño esto sucede en algunos poemas, mientras que Furguiele no supera nunca esta limitación, lo cual no solo resta vigor expresivo a sus composiciones, sino que también trivializa hasta lo indecible sus afiebradas intenciones contestatarias. Esas son las tribulaciones de un soldado que va decidido a la lucha, pero que ha dejado las armas en el cuartel y en su lugar ha llevado fuegos de artificio. Y con eso no basta para ganar la batalla.          

Puntuación: 4,4 / 20

6 comentarios:

  1. Confundir ingenio con poesía al parecer es pan de todos los días. Gracias por esta lúcida y necesaria crítica.

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  2. Te lo digo con la mejor onda: deberías reseñar a los más consagrados.

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  3. Ahí están Rosas y Martos, que son,digamos consagrados (aunque uno bastante mas que otro). No me opongo al pedido. Pero que publiquen primero para tener algo que reseñar.

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  4. Hola! En su libro La hegemonía de lo conversacional, usted menciona que Symbol es uno de los poemarios que radicaliza la poesía coloquial, al punto de ser un verdadero cuestionamiento de toda esta tradición en la poesía peruana. Se refiere a la primera edición o la que aparece en Dolores Morales de Santiváñez. Hasta donde tengo entendido hay variantes (no he podido consultar la primera edición). Gracias!

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  5. Hola Lisandro: yo he leído ambas ediciones, y si bien hay algunas variantes, no son determinantes ni cambian demasiado las intenciones y alcances del libro. Un abrazo.

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