lunes, 28 de octubre de 2013

En alabanza del Yo totalitario






Jerónimo Pimentel. Al norte del los ríos del futuro. Ediciones Liliputienses, 2013.

De los poetas peruanos surgidos en los primeros años de este nuevo siglo, Jerónimo Pimentel (Lima, 1978) es quizá el de la obra más sólida y convincente. Libros suyos como Frágiles trofeos (2007) o La muerte de un burgués (2010) nos presentaban a un autor con un seguro manejo de sus recursos, tanto de lenguaje como del ritmo así como de los temas planteados en sus poemas, que en algunos casos alcanzaban un nivel de primer orden (pienso en Ítaca Tannhauser o en Ella duerme, por citar un par de ejemplos). En el primero de los libros citados Pimentel había logrado un notable nivel formal, bastante inusual entre los poetas de su generación; en el segundo, se atrevía a experimentar tanto con la forma como con los motivos de sus composiciones, dialogando con las ciencias básicas, elaborando poemas al estilo road movie o construyendo los flujos mentales de un viajante urbano en busca de una epifanía que nunca llega. No todos sus experimentos eran igual de eficaces, pero evidenciaban que nos encontrábamos ante a un poeta consciente de la necesidad de no seguir trajinando los mismos lugares y símbolos ni conducirse por un camino ya hollado por tantos otros antes. Es decir, rehuía el problema capital de la poesía peruana hoy: creer que se cumple haciendo un buen poema, cuando contentarse con solo eso es engrosar las listas de tantos libros mediocres que atestan los estantes de nuestras librerías.

Tres años después de su última entrega, Pimentel ha publicado en España su mejor libro hasta la fecha y –no tengo dudas en lo que afirmo- el mejor de su generación, al menos hasta este momento. Si de lo que se trata es hallar nuevas vías de expresión, inéditos objetos y estancias para poetizar, Al norte de los ríos del futuro cumple esos requerimientos con creces. Su eje principal es la ciencia ficción, pero estaríamos muy equivocados si lo catalogamos como un libro de poemas que adopta algunas referencias de la ciencia ficción clásica y las maniobra desde el lugar del aficionado admirativo. Pimentel las utiliza y las transforma para hacer de ellas un punto de partida para escenificar un mundo personalísimo, polifónico, donde prima la voz de un Yo megalómano y totalitario que dicta las normas y crea con su discurso parajes, planetas, urbes y personajes que crecen, convulsionan y se extinguen frente a nuestros ojos con un dinamismo y potencia realmente envolventes y apabullantes: “Abro los ojos: Marte. / Cierro los ojos: me puedo salvar. / Abro los ojos: la vida obedece al sentido que reclama mi mirada. / Cierro los ojos: mi cuerpo es un templo que no profanarás. / Abro los ojos: ¿cuántos centímetros faltan para medir mi devoción? / Cierro los ojos: tu país es cualquier cosa excepto lo que piensas. / Abro los ojos: vientos volcánicos sacuden Tharsis. / Cierro los ojos: llueven bacterias en la planicie de Hellas”. Esta excelente capacidad imaginativa le permite Pimentel abordar dentro de este contexto temas que van más allá, representando una realidad posapocalíptica desde la Historia o de la ideología (y por ello podemos emparentarlo con poetas de obra más o menos reciente, como la norteamericana Eleni Sikelianós, que ha llevado la poesía de tintes futuristas y científicos a extremos sumamente novedosos). Lo meritorio es que en ningún momento estas referencias históricas o culteranas suenan impostadas o forzadas, (el segundo mayor problema de nuestra poesía post 2000) sino que se sienten precisas y al mismo tiempo sorprendentes dentro de los contextos entablados. Este es el caso de La poesía como una forma de fascismo, uno de los mejores poemas de Pimentel no solo de este libro, sino en general: “cuando el otro comprenda el desprecio del Yo  / serás libre pero estarás muerto / el mensaje no tiene finalidad / tampoco la carrera / los músculos / ni las flores / sin embargo / mi palabra surca el foso e instala un régimen fascista en tu voz / he penetrado las Árdenas / he cruzado la Línea Maginot / date cuenta  / mi Yo de sitio asedia tu mirada / y aspira tu aliento para poseerlo y hacerse nuevo en tu sangre con aplomo / para hacer fogatas con tus puertas caídas / para violar dulcemente a tu mujer / ¡Larga vida al Yo totalitario! / ¡Dios salve a este poema!”

Las virtudes de Al norte de los ríos del futuro no se circunscriben solamente a lo temático, sino a la forma en que sus tramas y escenarios son representados. No sería exacto considerar el lenguaje en que está escrito como estrictamente conversacional, narrativo o lírico, aunque sí utilice recursos de estas posibilidades. Mientras nos adentramos en el conjunto, percibimos un discurso que se va enrareciendo y oscureciendo sin perder su legibilidad y sin caer en gratuidades y artificios, aunque el terreno pueda ser propicio para desbarrancarse en una retórica pastosa y vacía. Lejos de ello, esa introducción en un espacio cada vez menos reconocible nos descubre las verdades que dan funcionamiento y sentido al mundo que Pimentel nos propone. Toma prestado el lenguaje científico y aforístico, además de las formas de la crónica, y logra conmovernos y emocionarnos desde una perspectiva inédita en nuestra poesía. En la mayoría de ocasiones esta compleja apuesta sale airosa, como podemos constatar en el siguiente fragmento: “Mi amor se extiende como hielo-9 en las arenas de Vermilion. / ]. / Pasamos la meseta azul y el tren se desvía hacia un mar fútil, rojo caliza. / Ese es el color del adiós cuando no hay de quien despedirse. / Mi Yo ludita salta de la máquina y se despide del pájaro carnívoro, / (- Hasta pronto, compañero.) / pide el encuentro por botana y prosigue el trayecto a pie./  Por toda luz, una tormenta. / Electricidad, Belén.”

Al norte de los ríos de futuro no es un libro redondo ni intachable. No todos sus poemas me resultan totalmente logrados ni igualmente vibrantes: en algunos de ellos, como los de corte ensayístico, hay un afán exploratorio que deja en segundo plano esa necesidad. Pero el conjunto ha sido trabajado con audacia y con mucho sentido del riesgo, con una absoluta negativa a lo ya pactado y consabido, y el oficio e intuición de Pimentel consiguen que en esa faena el resultado sea claramente positivo. Y que este nuevo libro suyo sea el punto más alto de una obra en la que la insatisfacción y la búsqueda son siempre el norte. Y eso es algo que en nuestra poesía reciente es imposible no valorar y aplaudir.    

Puntuación: 15,6

1 comentario:

  1. nadie comenta esto? me parece un poemario prometedor espero leerlo pronto, que raro que nadie comente...

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