Jerónimo Pimentel. Al
norte del los ríos del futuro. Ediciones
Liliputienses, 2013.
De los poetas peruanos surgidos
en los primeros años de este nuevo siglo, Jerónimo Pimentel (Lima, 1978) es
quizá el de la obra más sólida y convincente. Libros suyos como Frágiles
trofeos (2007) o La muerte de un burgués (2010) nos presentaban a un autor con un seguro manejo
de sus recursos, tanto de lenguaje como del ritmo así como de los temas
planteados en sus poemas, que en algunos casos alcanzaban un nivel de primer
orden (pienso en Ítaca Tannhauser o en Ella
duerme, por citar un par de ejemplos). En el
primero de los libros citados Pimentel había logrado un notable nivel formal,
bastante inusual entre los poetas de su generación; en el segundo, se atrevía a
experimentar tanto con la forma como con los motivos de sus composiciones,
dialogando con las ciencias básicas, elaborando poemas al estilo road movie o
construyendo los flujos mentales de un viajante urbano en busca de una epifanía
que nunca llega. No todos sus experimentos eran igual de eficaces, pero evidenciaban
que nos encontrábamos ante a un poeta consciente de la necesidad de no seguir
trajinando los mismos lugares y símbolos ni conducirse por un camino ya hollado
por tantos otros antes. Es decir, rehuía el problema capital de la poesía
peruana hoy: creer que se cumple haciendo un buen poema, cuando contentarse con
solo eso es engrosar las listas de tantos libros mediocres que atestan los
estantes de nuestras librerías.
Tres años después de su
última entrega, Pimentel ha publicado en España su mejor libro hasta la fecha y
–no tengo dudas en lo que afirmo- el mejor de su generación, al menos hasta
este momento. Si de lo que se trata es hallar nuevas vías de expresión,
inéditos objetos y estancias para poetizar, Al norte de los ríos del
futuro cumple esos requerimientos con creces.
Su eje principal es la ciencia ficción, pero estaríamos muy equivocados si lo
catalogamos como un libro de poemas que adopta algunas referencias de la
ciencia ficción clásica y las maniobra desde el lugar del aficionado
admirativo. Pimentel las utiliza y las transforma para hacer de ellas un punto
de partida para escenificar un mundo personalísimo, polifónico, donde prima la
voz de un Yo megalómano y totalitario que dicta las normas y crea con su
discurso parajes, planetas, urbes y personajes que crecen, convulsionan y se
extinguen frente a nuestros ojos con un dinamismo y potencia realmente
envolventes y apabullantes: “Abro los ojos: Marte. / Cierro los ojos: me puedo
salvar. / Abro los ojos: la vida obedece al sentido que reclama mi mirada. / Cierro
los ojos: mi cuerpo es un templo que no profanarás. / Abro los ojos: ¿cuántos
centímetros faltan para medir mi devoción? / Cierro los ojos: tu país es
cualquier cosa excepto lo que piensas. / Abro los ojos: vientos volcánicos
sacuden Tharsis. / Cierro los ojos: llueven bacterias en la planicie de Hellas”.
Esta excelente capacidad imaginativa le permite Pimentel abordar dentro de este
contexto temas que van más allá, representando una realidad posapocalíptica
desde la Historia o de la ideología (y por ello podemos emparentarlo con poetas
de obra más o menos reciente, como la norteamericana Eleni Sikelianós, que ha
llevado la poesía de tintes futuristas y científicos a extremos sumamente novedosos).
Lo meritorio es que en ningún momento estas referencias históricas o culteranas
suenan impostadas o forzadas, (el segundo mayor problema de nuestra poesía post
2000) sino que se sienten precisas y al mismo tiempo sorprendentes dentro de
los contextos entablados. Este es el caso de La poesía como una forma de
fascismo, uno de los mejores poemas de Pimentel
no solo de este libro, sino en general: “cuando el otro comprenda el desprecio
del Yo / serás libre pero estarás muerto
/ el mensaje no tiene finalidad / tampoco la carrera / los músculos / ni las
flores / sin embargo / mi palabra surca el foso e instala un régimen fascista
en tu voz / he penetrado las Árdenas / he cruzado la Línea Maginot / date
cuenta / mi Yo de sitio asedia tu mirada
/ y aspira tu aliento para poseerlo y hacerse nuevo en tu sangre con aplomo / para
hacer fogatas con tus puertas caídas / para violar dulcemente a tu mujer / ¡Larga
vida al Yo totalitario! / ¡Dios salve a este poema!”
Las virtudes de Al
norte de los ríos del futuro no se circunscriben
solamente a lo temático, sino a la forma en que sus tramas y escenarios son representados.
No sería exacto considerar el lenguaje en que está escrito como estrictamente
conversacional, narrativo o lírico, aunque sí utilice recursos de estas posibilidades.
Mientras nos adentramos en el conjunto, percibimos un discurso que se va
enrareciendo y oscureciendo sin perder su legibilidad y sin caer en gratuidades
y artificios, aunque el terreno pueda ser propicio para desbarrancarse en una
retórica pastosa y vacía. Lejos de ello, esa introducción en un espacio cada
vez menos reconocible nos descubre las verdades que dan funcionamiento y
sentido al mundo que Pimentel nos propone. Toma prestado el
lenguaje científico y aforístico, además de las formas de la crónica, y logra
conmovernos y emocionarnos desde una perspectiva inédita en nuestra poesía. En la
mayoría de ocasiones esta compleja apuesta sale airosa, como podemos constatar
en el siguiente fragmento: “Mi amor se extiende como hielo-9 en las arenas de
Vermilion. / ]. / Pasamos la meseta azul y el tren se desvía hacia un mar fútil,
rojo caliza. / Ese es el color del adiós cuando no hay de quien despedirse. / Mi
Yo ludita salta de la máquina y se despide del pájaro carnívoro, / (- Hasta
pronto, compañero.) / pide el encuentro por botana y prosigue el trayecto a
pie./ Por toda luz, una tormenta. / Electricidad,
Belén.”
Al norte de los ríos de futuro
no es un libro redondo ni intachable. No todos sus poemas me resultan
totalmente logrados ni igualmente vibrantes: en algunos de ellos, como los de corte ensayístico, hay un
afán exploratorio que deja en segundo plano esa necesidad. Pero el
conjunto ha sido trabajado con audacia y con mucho sentido del riesgo, con una
absoluta negativa a lo ya pactado y consabido, y el oficio e intuición de
Pimentel consiguen que en esa faena el resultado sea claramente
positivo. Y que este nuevo libro suyo sea el punto más alto de una obra en la
que la insatisfacción y la búsqueda son siempre el norte. Y eso es algo que en
nuestra poesía reciente es imposible no valorar y aplaudir.
Puntuación: 15,6

nadie comenta esto? me parece un poemario prometedor espero leerlo pronto, que raro que nadie comente...
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